Como ese enorme tema de La cabra mecánica, “La fábula del hombrelobo y la mujer pantera”, que nos deleita con estrofas tan sugerentes como “estaba harto, de cagar blando y no enterarme de una mierda…” tan amarga penitencia he llevado en los últimos seis días. Así soy yo, como ya os dije en el anterior post, todo vivido muy intensamente.
Cuasi-recuperado de tales males, y apto de enrolarme con el tal “Sixto” en terminar su famosa catedral de Aquarius, a la que sin duda he contribuido ampliamente de forma económica; me reengancho a mis funciones de opositor, que tal día como hoy comienza la academia que le guiará por el tortuoso mundo de los afines al funcionariado. ¿Qué me encontraré allí? ¿Qué personajes alegrarán mis tardes de estudio tres días a la semana? Lo sabremos en próximos episodios.
Ayer escapé a celebrar por dentro, a celebrar solo lo justo y necesario para alguien en mi situación.
He dejado mi puesto de informático en una conocida multinacional para ponerme a opositar; ya que resignados a vender mi alma al mejor postor, mejor que el postor me deje salir corriendo a las tres de la tarde.
No se la frecuencia con la que escribiré, la constancia nunca fue mi fuerte, y siempre he creído que eso me ha hecho fracasar en casi todas las cosas importantes de la vida. Y digo casi. Y ella sabe por qué.
El corazón no es muy constante y es una excusa cojonuda para soltar en cualquier conversación al respecto. Pensándolo detenidamente, falta de constancia y fracaso no deberían de encontrarse en el blog de alguien que empieza a opositar, o por lo menos no tan pronto.
Quienes me conocen no podrán decir otra cosa, o cuento menos será la primera cosa mía que cuenten, mi tendencía a exagerar. Un poco.
Supongo que elegí vivir la vida de la forma más apasionada posible, y eso esta bien cuando no se es demasiado pesimista, como no es el caso.
Ayer estuve tirado en la hierba con un gran tipo. Después salimos a cenar y a beber cubos de Coronitas a 10 euros, por eso de los viejos tiempos y los nuevos cambios. Madrid, una noche cualquiera, de un miércoles cualquiera del mes de enero, no tiene desperdicio
Un pub para guiris, lleno de guiris que no recuerdan que se viaja para conocer lo desconocido.
Desde entonces, y sin ánimo de exagerar (!) nuestro deporte preferido es el rodeo, o algo que se le parece, montar en una especia de toro salvaje hasta que el cuerpo aguante. Eran los campeonatos mundiales, y pasábamos por ahí.
Aunque suene patético eramos los más autenticos que habían pasado por allí en mucho tiempo, y todo olía de puta madre.
Decidimos salir de allí, la noche de enero se parecía mas a un septiembre escolar. Caminamos por lo semidesierto, meamos, cantamos, pedimos kebap para llevar, nos cruzamos con Quique Gonzalez por plena Gran Vía (sí, lo más parecido a Dylan que tenemos por aquí). Esa debía de ser la señal. .
Gracias por el blog. Aún somos hombres de palabra.
Bueno tio, lo dicho mucho ánimo y vamos que seguro que lo consigues porque en una cabeza tan grande caben varios temas de legislación y la constitucion entera vamos. Un beso cabruuoon